Hoy y siempre queremos hacerte un homenaje

Hoy y siempre queremos hacerte un homenaje.

Estas son unas de las carticas que te hemos escrito expresandote todo nuestro amor, que es fruto del tuyo.







Saturday, November 12, 2011

De: Sarita

Sara Pineda Uribe
Medellín, noviembre 3 de 2011
Homenaje para una gran mujer
Hace menos de dos semanas mi familia sufrió una pérdida muy grande, mi abuela la mamá de mi papá murió tras luchar por 18 años por su salud. Encuentro esta oportunidad fascinante para hacerle un homenaje. Homenaje a una mujer cariñosa, intachable, tierna y dedicada a sus hijos y a su familia. Amparo Rico Calle, una mujer sin un pero.
Tengo vagos recuerdos de ella sin estar enferma e impedida para hacer las cosas, pero no importa porque de ella me quedan sus ojos claros, su olor, sus uñas  y su mirada tierna y callada.
De ella también me quedan las historias y los recuerdos de mi papá y sus hermanos y hermanas que tienen la tranquilidad y el orgullo de contar con hermosos recuerdos y saber que pudieron disfrutar de una mujer que les brindó cariño, amor y dedicación. 
Mi papá comentaba que no se acordaba mucho de su voz, que era muy ronca pero que hacía mucho tiempo que una palabra no salía de su boca, al oír esto pensaba, qué triste es ver como una voz se apaga con el pasar de los años y queda atrapada en un cuerpo frágil tratando de salir infructuosamente. Luego pensé: existen muchas formas de decir las cosas y su mirada lo hacía. No tenía  que hablar para que todos supieran lo mucho que nos amaba, así era de poderosa.
Tras casarse con mi abuelo hace 63 años en Medellín, su vida giró alrededor de su familia y sus once hijos que la recuerdan con un amor infinito, ese amor que sólo la mamá puede trasmitir y que nada se le compara.

Son muchas las historias y anécdotas para contar pero quiero resaltar aquellas que se quedaron en mi para siempre y cada vez que me acuerde de ella éstas me ayudarán a tenerla más presente. Su forma de cocinar era famosa, sus rollos de canela, las tostadas y el merengue eran los favoritos de todos. Cada vez que hacemos sudado en mi casa mi papá le dice a mi mamá, recordando a mi abuela, “un sudaito Doña Amparo. La empleada de la casa le preguntaba: “Doña amparo qué hacemos de almuerzo hoy” y ella decía: “a ver yo pienso” y la empleada le decía: “un sudaito Doña Amparo”, ella respondía ingenuamente: “sí un sudaito está bien”.
Mi mamá me cuenta que cuando ella era pequeña deseaba que el hombre con quien se fuese a casar no tuviera mucha familia, y como la lengua castiga, se casó con mi papá que tenía nueve hermanos, papá y mamá. Tuvo mucha suerte con su suegra, pues dice que no tiene una sola queja de ella, que fue como una mamá y que la consintió mucho con las cosas que más le gustaban: los merengues.
Cada noche cuando mi papá iba a visitar a mi mamá cuando eran novios, por siete años, mi abuela le mandaba un regalo, yo me pregunto qué suegra hace eso hoy en día, creo que ninguna.
Mi abuelo, Arturo Pineda Giraldo, médico gastroenterólogo, de 96 años nació en Sonsón pero al poco tiempo su familia se mudó a Abejorral hasta que se trasladaron definitivamente a la capital antioqueña.  Llegó a Medellín cuando era un adolescente y empezó a estudiar en el Liceo de Antioquia.
Mi abuelo es un hombre brillante, ingresó a la Facultad de Medicina en la Universidad de Antioquia donde terminó sus estudios. Recuerda El Alma Máter  con nostalgia y amor profundo. Allí fue profesor durante muchos años mientras ejercía también la medicina. Se especializó por fuera del país y todavía hoy lee y estudia. Es admirable su inteligencia, sabe de todo lo que se le pregunte y es rico oírlo hablar y contar todo tipo de historias.

La ocupación de mi abuelo y sus largas jornadas de trabajo, hicieron que mi abuela estuviera a cargo del hogar y fuera la responsable de diez hijos; siete hombres y tres mujeres. Mi tio Cha cuenta que un día mi abuelo cansado que lo expulsaran de tantos colegios le dijo: “no le pago más estudio usted verá qué hace” mi abuela al oír esto sacaba 100 pesos de la plata que le daba mi abuelo para el mercado y le pagó durante un año la matrícula en un colegio en Envigado, hasta el día que mi abuelo le dijo que le volvía a pagar el colegio.
Esto que hizo mi abuela lo hace solo una mujer decidida, no le importó hacer magia y malabares para que los 100 pesos menos que tenía para el mercado no se notaran con tal de no dejar a su hijo sin educación. Pienso en esta historia y siento total admiración.
La imagen que tiene mi abuelo de ella es angelical; cuando ella murió, lloraba pero después sonreía y con sus ojos pequeños de tanto llorar decía: “La mamá debe estar entrando en estos momentos al cielo y mi Dios la debe estar recibiendo con los brazos abiertos, música y canto”. Es hermoso ver cómo se imagina la muerte.
A mi abuelo la memoria le falla ocasionalmente, es lo único, porque a sus 96 años tiene una energía envidiable tiene sueños y planes a futuro; creo que eso es lo que lo mantiene con esa vitalidad. Decía con ingenuidad que había durado 30 años al lado de mi abuela, cuando lo corregimos y le aclaramos que habían sido 63, soltó una carcajada y dijo: “antes fue mucho lo que me aguantó”.
Y sí aguantó mucho, no sólo duró 18 años enferma luchando por vivir, sino que también crió diez hijos, cocinó tres comidas al día para más de doce personas por años, hizo todas las labores del hogar y tuvo tiempo de consentir a  sus hijos y estar siempre pendiente de todo.
Cuenta mi abuelo que cuando la conoció sabía que iba a ser la mamá de sus hijos, que su cara era como la de un ángel y que a ella todos le deben lo que tienen. Decía el día después de su muerte reiterando lo que ella era: “cuándo su mamá se quejó, cuándo su mamá les pegó, cuándo gritó” la respuesta de todos fue: nunca.
Amparo Rico Calle representa amor, pureza, cariño y entrega. Fue una mujer hermosa hasta el día de su muerte, su belleza interior y su cara perfecta dejaron una huella en todos. Fue la mejor esposa, madre, abuela y suegra. Todos tenemos un inmenso amor y admiración. La recordaremos siempre y tendrá un espacio inmenso en nuestros corazones.
Cada vez que miro el cielo, recuerdo lo que dijo mi abuelo, es una estrella más, otro ángel que está feliz en el cielo, reencontrándose con todos sus seres queridos.
Abuelita eres hermosa, un ejemplo a seguir. Te recordaré con inmenso amor y admiración. Espero que estés feliz y descansando después de tanto luchar. Te quiero muchísimo.
Gracias por darme lo más importante de mi vida: mi papá.

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